jueves, 16 de abril de 2020

SALMO 151


Señor, Dios padre de la gloria
Tu que en momentos de angustias
Nunca me has abandonado
Hoy te clamo; hoy te ruego
Que te apiades de mí.
Escucha mi oración.

Señor tú que siempre estas
Aún sin llamarte;

Ten misericordia de mí.

Tu que sin contarte ya sabes
Mis aflicciones y mis necesidades,
Ten misericordia de mí;
Has justicia por mí.

A ese que dijo algún día ser mi amigo,
Y que de mi confianza se valió,
Repréndalo infinitamente Señor
Que tu poder derrumbe
por toda una eternidad
Las injusticias que ha cometido
Porque hasta en sus manos
Sangre de inocente ha hecho derramar.

Malaya sea su existencia.

Recuerda Dios todo poderoso,
Que entre el cielo y la tierra
Nada queda oculto,
Y todo se cobra en lo divino,
Por eso te pido has justicia por mí.

Derriba, quema y desaparezca,
Todo mal deseo, acto y hecho,
Todo pacto oscuro
Y convenio clandestino
Ya sea en principio por uno
O por otros,
Que en contra de mi nombre
O el de otro hijo tuyo;
Que se haya ejecutado;
Para caer en desgracia.

No permitas que de sus bocas
Jamás salga el júbilo de victoria,
No permitas que unas lagrimas
Alegren sus intenciones;
Por qué ay de aquellos
Que dijeron ser hijos tuyos,
Y causen daño.

Ay de aquellos que contra tus hijos
Hicieron maldad,
Su tiempo de gloria no será duradera
Y en desgracia por sus maldades
Hasta sus descendientes
Al infierno se irán.

Ay de aquellos que por dinero
O por favores participen
O realicen prácticas de pactos al diablo
Para causar injusticias a tus hijos,
Mas les vale no haber nacido bajo tu signo
Por qué malditos serán por toda la eternidad,
Y en sus propias trampas caerán.

Ay de aquellos que por omisión callaron
Y en sus ojos y mentes quedaron
La maldad que otros tramaron.
Llegará el día que toda justicia
Que te he implorado,
Dios me mostrara sus vidas
En que terminarán.
                 
Yo se Padre de la gloria que tu justicia
En todos ellos recaerá, y tarde será
Para postrarse ante ti y clamar perdón de mí.

Mi esperanza y mi fe está solo en ti
Y así como sobre ti no hay nada superior,
Tampoco en mí que soy tu hijo amado;
Pues contigo en todo tiempo he estado.

Por eso cada día en paz viviré;
Bastara estar en el balcón de mi casa
Para tu justicia ver.       

Amen, amen y amen.
LBR
"Lápiz Escribe"

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