lunes, 18 de febrero de 2013

LA HISTORIA DE OK


Instante este, en que reposado estoy y en medio del fresco del día, en que termino esta historia, que comienzo aquí, ha venido a mi mente la historia de OK; la de la enfermera Inés; que aún sin ser diestro en este menester; en contar historias por doquier; diré que tengo muchas que escribir de esas que van de largo hasta el amanecer; que por estar escribiéndole al amor, o elaborando frases salidas de alguna que otra reflexión; es que no las he contado para entretener; y que aunque sin entender porque, pienso que ha llegado ya la hora de contar historias para reflexionar y lograr cambiar muchas formas de pensar; ya que retumbando esta historia entre otras, consideré, que vale más que la pena contarla a usted; por ser la que más ha marcado en mi corazón, de este andante que se desplaza por caminos relevantes; la historia de Inés; la del OK; mujer que conocí por situaciones de trabajo; humildemente lo digo, por labores humanitarias; y no para dármelas de hombre de bien.

Todo empezó cuando un día cualquiera fui llamado; por una pareja de conocidos a los que ya les había hecho trabajo de trámites para bien raíz; me referenciaron con Inés rojas; mujer que con el tiempo descubrí su gran saber; hablaba el alemán y el inglés; siendo viuda por causa de la intolerancia de alguien que quiso "hacer justicia" como lo supe en aquella primera conversación que tuvimos; fue su humildad, la que me aferro a servirle sin interés; deseaba hacerse a ese pedazo de tierra en la que se encontraba sin papel que le hiciese ejercer derecho sin nada que temer; y entre ir y venir de allí aquí, empecer a conocer sus historias sin querer; lo confieso, me apasiono oír sobre su vida, para aprender así, en cierta manera hubo la química de una buena y sana amistad entre una mujer de su edad y yo que apena aun envalentonado presumía en mis adentros haber ando lo suficiente como ratón en convento.

Recordé entonces en esos primeros días escuchando esas historias tan sufridas, que como era la vida; que todo era un pañuelo en esta vida, y que la vida da muchas vueltas; donde uno no sabe en que termina. Para mí fue un reto iniciar los procedimientos para lograr las metas deseadas, pues su caso no era fácil de encausar, por ser invasora ante la justicia del hombre.

Día a día fue naciendo entre esta gran mujer y yo, un simpatía y un entender de su vida; de su dura vida; y sin imaginar de quien lo creyera, que ella había sido esposa en unión libre de un ciudadano Suizo; ingeniero mecánico de profesión; a quien le decían el alemán; por su dialecto al pronunciar su entrecortado español. Fueron esos tiempos los más exitosos en que en la compañía de este inteligente hombre de bien, hubiese sido testigo y participe del desarrollo de un sin número de inventos; todos dedicados para la aviación comercial y militar; pues él había llegado a Colombia en misión a un fuerte militar de este país para misiones de mantenimiento e instrucción en mecánica de aviación; inventos que están en el olvido; en la basura; pues a pesar de sus patentes; fueron muchos aprovechados de estos inventos por inescrupulosos para su plagio por aparente reinvención según versión de Inés.

Con el cabo del tiempo y después de muchas luchas para gestionar su trámite, logre congregar testigos y documentos como prueba de su buena intensión que tenía para la obtención de ese terreno, donde se exponía su largo tiempo de estadía y por la cual se debía a la necesidad de la ubicación de un techo; en el predio en cual estaba ubicada.

Fueron muchas las anécdotas e historias que me conto sobre su vida; fueron muchos los momentos felices que disfruto al lado de Helmut su compañero, quien miserablemente murió a manos de un drogadicto; de esos que pierden la razón cuando están consumidos en el vicio; nada más porque Helmut en medio de su pérdida de conciencia por momentos en los últimos años decía "Hijueputas Colombianos"; todo por culpa de una india Guajira, quien por no acceder a sus pretensiones de ser su esposa; cuando Helmut estuvo en por aquella región, le sembró un hechizo a distancia; quedando este sin cordura.

Helmut cada vez que el entraba en crisis existencial; promulgaba a grito entero "Hijueputas Colombianos"; frase que recordé en el instante de escuche aquella historia; que cierta vez cuando aún no conocía aquel sector; mucho menos a Inés, fue cuando andando por ahí, escuche aquel airado y fuerte lamento para mí; más que una ofensa fui lo que sentí; siendo mi desconcierto el que me asalto en aquel momento; por no entender como alguien estando en mi país; y supuestamente Colombiano dijere algo así; siendo más mi curiosidad la que me domino y averigüe que sucedía allí en aquel monte por el que no me atreví a volver a pasar, para no escuchar algo así; con aquel recuerdo comprendí; su razón del por qué su decir aquel drogadicto en medio de su enojo y con algunos licores de más; un domingo cualquiera de unos cuantos años atrás; mato a Helmut; al alemán como le decían acá; cayó víctima de las balas asesinas de una escopeta recortada; solo por el hecho de sentirse tal sujeto ofendido de escuchar sus alaridos diarios; sin dirigírselos nunca a él; mas no sus quejidos por el daño sufrido. Ese domingo fatídico, en manos de Inés cayo Helmut; cuando huyo hacia su humilde casa al notar la presencia de la muerte rondando en son de danza macabra; disfrazada de aquel drogadicto que no tenía por qué ajusticiar aquel inteligente ser.

Fueron tres tiros los que recibió; en aquel instante, todo dolor a Inés la consumió; en ese instante no acataba que hacer; al darse cuenta que su arrugado traje y sus laboriosas manos estaban impregnadas de sangre de aquel hombre que quiso ser un inventor de mecánica en la aviación; fue cuando al fin en medio de aquella angustia logro llamar ayuda; y en un taxi fue conducido al hospital más cercano; aquel instante fue el que marco su vida; y al mismo tiempo la mía; al saber cómo su compañero del alma había fallecido; Helmut no se salva; eso fue lo que le dictaminaron en aquel sitio al llegar. Ese mismo día el homicida había sido capturado; y 48 horas después "la justicia" lo había liberado; que cosas; de la justicia humana; como me esfuerzo en escribir y leer esta palabra cuando no la hay "JUSTICIA"; todo porque cierto "samaritano de bien" que vivía en el sector que con influencias en la sociedad; intercedió por su liberación; quedando impune aquella acción.

Fueron muchos los implicados y ni un solo detenido; pero si Inés sola quedo sin quien le respaldara para no morir en el olvido; su vida quedo en cero desde aquel momento. fue un comenzar de nuevo, un nacer de nuevo; un sobrevivir en aquella miseria en la que estaban ya empezándose a consumirles; en la que la sociedad los encauso solo por cosas del destino; un destino cruel que a nadie le querría yo ofrecer.

Muchos más pasajes de historias que me gustaría contar; serían suficientes como para escribir un libro sobre Ok; solo que el mismo tiempo me reprime para escribir, por mis actividades diarias; por mi compromisos de hombre del común. Contar entre otras de la tantas situaciones que Inés vivo en sus setenta y punta años de su vida; como la que sucedió un día cualquiera, siendo pasadas las 8 de la noche; al querer comer algo delicioso, recordé a Inés, como en otras tantas oportunidades, pero esta vez no sé por qué fue especial; y en compañía de mi querer, quise ir a compartir aquel banquete que nos íbamos a dar; y que al pensar en ella no quería que se me fuera a atragantar; a lo cual procedí a ir; y al llegar allí, y expresarle mi querer, diría yo, en un gesto humilde y sincero que me conmovió, se me acerco y me confeso, que en todo el día no había probado bocado alguno, que yo era el único que me había acordado de llevarle algo; fue tenaz para mi oír decir algo así; de ahí aprendí más a compartir comida, con todo aquel que me pidiese y al que le pudiera dar.

Creo que dos cosas fueron lo que más me impactaron de la vida de este personaje; su resignación y humildad ante las pruebas de la vida; y su Ok al aceptar siempre mis indicaciones cada vez que algo le decía; ese Ok que no tanto por lo chistoso que sonara en una persona de su edad y su condición social; si no por esa seguridad que daba al decirlo, por saber que a quien lo decía era alguien en quien podía confiar; de a ahí que dicha muletilla se pegó en mí; de ahí que cada vez que la pronuncio y la escribo es exaltar el recuerdo de Inés; que conociendo muchos su situación económica; ignoraban que detrás de ese Ok; se escondía una inteligente y profesional enfermería, que tuvo trato con más de un extranjero en mi país y que manejaba perfectamente, el alemán, el inglés y su mismo idioma con cultura, con decencia y respeto hacia los demás.

Inés murió años después; víctima de un cáncer que le invadió todo su cuerpo; y que el servicio de salud de nuestro país no lo pudo detectar a tiempo; si no cuando ya no se podía solucionar; desafortunadamente por ser de escasos recursos, solo se le remitió a morir a su humilde casa; siendo 15 días antes de su muerte la última vez que la vi con vida; cuando en mis adentros presentí su muerte; ya estaba muy agotada; ya su semblante no era el mismo de antes.

Fue por cosas del destino y por la mente retorcida de sus más allegados vecinos, que debí entregarle por prudencia a tiempo antes de su muerte todos los adelantos de trasmites y documentos que había realizado sin ningún costo para ella; por cuanto ya se rumoraba a su existente y única hija de cuerpo ausente; que mi fin era supuestamente de apoderármele de su pequeña tierra; cosa que me choco por cuanto mis deseos eran solo hacer realidad su sueño; legalizarle la tierra para su deshumanizada hija que cada vez que se caía una casa aparecía; solo a ver que veía. Por esa razón mis ausencias se habían hecho un poco más frecuentes en esa casa; y solo vine a saber de su muerte un mes después de la última vez que la pude ver con vida; y eso por cosas del azar; si sabía? Me dijeron; Inés murió; esa fue la razón, si más ni más; cuando sus más cercanos vecinos quien en algún momento también lo había ayudado por ser invasores, sabían de cómo localizarme, sabían cómo encontrarme; ninguno de ellos me aviso; fue para mí una traición que no perdonare en mi vida; no haberse avisado sobre su muerte, para haber ido a su sepelio, de quien toco mi corazón por su humildad, por su sabiduría; por su saber; por eso cada vez que digo OK, te recuerdo a ti; INES; la amiga de la que aprendí a tener otra percepción de la vida; cuando es así. Este es el homenaje que más antes, no te pude dar a ti. Q.E.P.D.; solo le pido a Dios, que quienes atropellaron sus derechos y no la valoraron por quien era, incluyendo su misma hija, le hagas justicia divina.
(La foto que ambienta este escrito, pertenece a la humilde casa que fue de Inés; hoy está construida una mejor casa de propiedad de la hija; tiempo después vino ella a vivir allí. Lo que nunca hizo en vida de su madre. La vida es así.

LBR
"LAPIZ ESCRIBE"

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